Así es la isla del destierro y muerte de Napoleón

«Se apoderaron de mí por la fuerza, por la fuerza me transportaron aquí... ¿Y quieren pagarme 14.000-15.000 libras anuales por vivir en un lugar como éste? ¿Creen que soy lo suficientemente estúpido? ¿Qué me importa esta maldita isla? ¡Que la manden al diablo!»

La declaración, extraída de los diarios del doctor irlandés Barry Edward O'Meara, refleja el punto de vista de su paciente, nada menos que Napoleón Bonaparte, con respecto a la Isla de Santa Elena, donde el gobernante francés pasó los seis últimos años de su vida. Es cierto, quizá no sea la mejor campaña de turismo para promocionar este pedazo de tierra, situado a medio camino entre el continente africano y americano: Santa Elena se encuentra a unos 1.950 kilómetros de la desembocadura del río Kunene (frontera entre Namibia y Angola) y, en el extremo opuesto, a casi 4.000 kilómetros de la brasileña Río de Janeiro. Por ello, es uno de los territorios más aislados del planeta.

Hasta el momento, la mejor opción para llegar a este lugar, territorio británico de ultramar perteneciente a Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña, era embarcarse en el Royal Mail Ship St Helena desde Ciudad del Cabo(Sudáfrica). Cinco días de viaje y entre 800-2.700 euros dependiendo del camarote elegido.

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