Abu Simbel. El templo de Ramsés II.

“Cuando era estudiante, tuve la suerte de descubrir Abu Simbel en su emplazamiento original y fue una visión que no olvidaré nunca. Al final de un largo viaje en una pequeña lancha motora, un espolón rocoso y, de repente, cuatro colosos sentados y un templo excavado en la colina. Al atracar, un silencio atónito bajo el sol ardiente de Nubia, lejos de cualquier aglomeración, fuera del tiempo. Y el gran templo de Ramsés II, a breve distancia, una segunda obra maestra, el pequeño templo dedicado a su primera gran consorte real, Nefertari” Christian Jacq “Egipto visto desde el cielo” [Ed.Lunwerg, 2010].

¿Qué mejor manera de comenzar una entrada sobre Abu Simbel que con este fragmento del señor Jacq? Cuando lo leí, viajé con él hasta este emplazamiento, como tantas veces he hecho gracias a sus libros… Esta primera entrada sobre Abu Simbel está dedicada al Gran Templo, el de Ramsés II, dejando para más adelante el templo de Nefertari y el traslado de ambos. Así que pongámonos en situación…

El reinado de Ramsés, hijo de Seti I, estuvo comprendido entre 1289 y 1224 a. C., época en la que Egipto conoció uno de los periodos de mayor esplendor de su historia. El monarca, tercer faraón de la Dinastía XIX, continuó con la política de expansión que ya llevaron a cabo sus predecesores durante la Dinastía XVIII. En Nubia, lugar donde encontramos este templo, la influencia de los faraones se extendía hasta la 5ª catarata, lo que permitía el acceso a las minas de oro de la región. Gracias a la explotación y el comercio de este mineral el país de las Dos Tierras se convierte en una importante potencia de Oriente.

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