50 Aniversario del renacimiento de Abu Simbel

Un rayo de luz penetra en la oscuridad del gran templo de Abu Simbel al amanecer. Ilumina la estatua de Ramsés II, la del dios Amón y la de Ra, el dios sol. Solo Ptah, la deidad de la oscuridad, permanece en la sombra. El fenómeno sólo se repite dos veces al año, el 22 de octubre y el 22 de febrero, dos días señalados en el culto de los antiguos egipcios, que quizá celebraran el cumpleaños y la coronación del faraón. Este año el efecto coincide con una fecha singular: las bodas de oro de una carrera contra reloj que salvó esta joya arqueológica de las aguas del Nilo.

En los meses de febrero y marzo de 1966 se terminó el desplazamiento de los templos de Abu Simbel del acantilado rocoso en que se excavaron hace más de 3.000 años hasta la cumbre de la meseta, 60 metros más arriba. El mayor de los tesoros de Nubia estaba a salvo. Los trabajos de reconstitución se prolongarían hasta septiembre de 1968, pero las últimas piedras de los santuarios se habían rescatado apenas unos meses antes de que el lugar quedara sumergido por la crecida del lago Nasser.

La construcción de la gran presa de Asuán, para aumentar la superficie de tierras cultivables y la producción de electricidad en Egipto, suponía la inundación de una amplia región de Nubia y la desaparición bajo las aguas de una veintena de templos faraónicos, entre ellos los de Abu Simbel, situados a 290 kilómetros al sur de la ciudad de Asuán. La Unesco lanzó un llamamiento a la comunidad internacional pidiendo contribuciones voluntarias para salvar los monumentos de Nubia: «Ahora o nunca».

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