Cleopatra no pudo morir por la mordedura de una cobra

"¿Tengo el áspid en mis labios? ¿Caes? Si tú y la naturaleza podéis tan suavemente separaros, el golpe de la muerte es como el pellizco de un amante, que hiere y desea". Cuentan que, derrotada en el amor y en la guerra, Cleopatra (69 a.C.-30 a.C.) confió su vida eterna a los dientes agudos de una cobra egipcia oculta en un cesto de higos. Un relato cargado de dramatismo que una pareja de investigadores británicos pone ahora en duda ampliando el enigma que rodea a la última reina del Antiguo Egipto.

"Es algo que ha confundido a egiptólogos e historiadores durante mucho tiempo. Hubiera sido muy difícil para Cleopatra suicidarse con la mordedura de una serpiente", señala a EL MUNDO Joyce Tyldesley, egiptóloga del Museo de Manchester. "Le pedí consejo a un experto en serpientes, Andrew Gray. Me dijo que además de que las serpientes son demasiado grandes para estar ocultas en un cesto de higos y desaparecer después, su mordedura no resulta tan eficaz. Si hubiera muerto por una serpiente, sería una muerte larga y dolorosa. Así que es poco probable que fuera una cobra", agrega Tyldesley.

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