La fascinante vida después de la muerte de las momias de Perú

En 1533 los primeros españoles que llegaron a Cuzco, capital del extenso Imperio Inca, descubrieron templos cubiertos con planchas de oro, altares y fuentes, además de una arquitectura comparable a la de Europa. Pero la mayor sorpresa llegó cuando dos soldados entraron en un palacio construido por un emperador muerto y encontraron que él y su difunta esposa parecían estar aún con vida. En el santuario interior del palacio se encontraron con una anciana que llevaba una máscara de oro y que parecía estar quitando las moscas a la familia imperial. Pero en realidad, la pareja ya no respiraba, y aunque permanecían sentados en posición vertical, estaban perfectamente momificados. Ellos y sus asistentes, ya que la familia interpretaba sus deseos y los muertos continuaban «disfrutando de su riqueza».

En los Andes, la momificación era una forma de preservar el poder. Según Smithsonian.com, Los españoles descubrieron que la columna vertebral occidental de América del Sur era el mayor laboratorio natural de la Tierra para hacer momias. Las arenas de la costa que se extiende desde Perú hasta el norte de Chile, las crea de forma natural. Luego, hace 7.000 años, los habitantes de las montañas andinas aprendieron a momificar a sus muertos, 2.000 años antes de que los antiguos egipcios. Los arqueólogos piensan ahora que la momificación artificial transformaba a los seres queridos en los representantes de la comunidad. Eran embajadores ante el mundo natural que aseguraban la fertilidad de sus descendientes y sus recursos. También puede haber sido una forma de entender y ritualizar la experiencia cotidiana, de encontrarse con los muertos, exponiendo la muerte y sus consecuencias con el paso del tiempo en las arenas del desierto, en los picos fríos y secos y en todo altiplano.

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