La cabeza del Rey Don Pedro

El Rey Don Pedro I protagoniza otra de las historias más antiguas de la ciudad y que tiene como protagonista a su propia cabeza. Iba el monarca por el casco antiguo de Sevilla cuando se topó con un enemigo, hijo del Conde de Niebla, que apoyaba al hermano bastardo del rey. Ambos se enzarzaron en una pelea a espadas y el de los Guzmanes acabó muerto. Una anciana que vivía en la calle de enfrente lo vio todo desde la ventana y al retirarse de la misma se le cayó el candil y por el ruido fue descubierta.

Cuando los Guzmanes pidieron justicia, la anciana -que había reconocido a Don Pedro-, se negó a declarar. El monarca, que quería comprobar hasta que punto era verdad la afirmación del entonces alcalde de que ningún crimen en Sevilla quedaba sin castigo, pidió llamar a la mujer a su presencia. Le preguntó por el autor del crimen yla mujer hizo traer un espejo, que puso frente al rostro de Don Pedro. «Aquí tenéis al asesino», dijo.

Don Pedro había prometido entregar la cabeza del criminal y lo cumplió, pero sin morir en el intento y sin confesar su autoría. Hizo encerrar un busto suyo en una caja de madera y posarlo en una hornacina en la calle de los hechos, con la condición de que no se abriera hasta su muerte; y así se hizo. Hoy día puede verse el busto en la calle «Cabeza del Rey Don Pedro» y la vía que hay frente a ella lleva el nombre de «Candilejo», por el candil -diminutivo, candilejo- con que se alumbraba la testigo que reconoció al rey a pesar de ir embozado por el chasquido de las rodillas.

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