La necrópolis de Carmona, ejemplo de conservación de las sepulturas romanas

Descubierta a finales del siglo XIX, la necrópolis romana de Carmona es uno de los conjuntos funerarios de mayor extensión y mejor conservados de la península. Cronológicamente situado entre el siglo I a. C. y el II d. C. el método de enterramiento más común de este cementerio era la incineración, aunque se observan también inhumaciones que se sitúan en los últimos años del asentamiento.

Uno de los enclaves más destacados de este conjunto arqueológico es la Tumba del Elefante. Es una tumba- santuario en la que se encontró una estatua de un paquidermo que le dio nombre. La estructura no se corresponde únicamente con la de una tumba ya que posee un pasillo central desde el cual se accedía a la cámara funeraria, la cocina, el almacén, comedor o triclínio y cámaras laterales, todo excavado en la roca. En este santuario recibían culto la diosa Cibeles y el dios Attis, representantes de la vida, la muerte y la resurrección.

También sobresale la Tumba de Servilia que consta de un patio porticado alrededor del cual se establece el resto de la construcción. La cámara principal es una dependencia cavada en la roca con una cúpula de grandes nervios unida a un óculo. En ella pueden apreciarse magníficos murales y también se descubrieron estatuas como la de Servilia o la del Infante, que se conservan en el museo del propio conjunto.

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