Una visita a Castel Gandolfo, la primera etapa del retiro de Ratzinger


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En el momento en que Joseph Ratzinger deje de ser Benedicto XVI, destruyan su anillo, descienda del helicóptero que le conducirá los 20 kilómetros que separan el Vaticano del Lago albano, atraviese la empinada cuesta que conduce al umbral del viejo palacio deCastel Gandolfo con sus carteles que advierten al incauto visitante, “proprietà  della Santa Sede. Parcheggio Riservato”, cruce la bellísima puerta de madera del siglo XVIII surcada de cerrojos masónicos, salude al joven guardia suizo y al viejo conserje, atraviese el patio empedrado, suba a mano derecha en el pequeño ascensor de madera para dos personas construido a comienzos del siglo XX, ascienda al segundo piso y se introduzca en el apartamento papal sobre la plaza del pueblo, tendrá sobre su cabeza uno de los más bellos y curiosos observatorios astronómicos del mundo, la Specola Vaticana, dirigida por los jesuitas. Los astrónomos del Papa.

En la primavera de 2007, empezamos a trabajar en un reportaje para el País Semanal sobre la Compañía de Jesús, que se publicaría ese mismo otoño bajo el título de ‘Los marines del Papa’. No fue fácil elegir qué queríamos ver. Los jesuitas, una orden religiosa fundada por el español Ignacio de Loyola en 1540 en el entorno universitario, ha sido históricamente la más poderosa y activa del catolicismo. Hoy cuenta con cerca de 20.000 miembros repartidos por 127 países, de los que 1.300 están destinados en España. Represaliados por Juan Pablo II por sus ínfulas progresistas y su protagonismo al frente de la Teología de la Liberación, y muy envejecida, aún conserva sin embargo una impresionante red propia en todo el mundo que, puede competir con la de la CIA. En cada rincón extremo del planeta, desde Kabul a Lagos, Kioto o Bagdad, hay un jesuita. Suyas son algunas de las más importantes universidades de todo el mundo, por ejemplo, Georgetown, en Washington DC, la cantera de la diplomacia estadounidense y el centro universitario donde el Príncipe Felipe cursó su máster de dos años en Relaciones Internacionales.


Entre las obras que la curia de los jesuitas nos dio a elegir para visitar en la realización del reportaje, nos sorprendió la presencia de la Specola. ¿Specola? Nunca habíamos oído hablar de ella. Lo más exótico del asunto es que fuera totalmente desconocida y, sin embargo, compartiera espacio con la residencia de verano del Papa. El infranqueable palacio de Castel Gandolfo, colgado desde el siglo XVII sobre el Lago Albano y rodeado por bosques inaccesibles y grandes viñedos. Una propiedad de 55 hectáreas, con unos jardines maravillosos, que nunca se visita, donde la pompa y ceremonia vaticana se relaja y que guarda los secretos del descanso papal desde hace 300 años. Aquí, por ejemplo, murió durante sus vacaciones Pablo VI, a las 21.42 minutos del 6 de agosto de 1978, de un infarto agudo.

Fuente: ElPais.com (http://blogs.elpais.com/el-reportero-impertinente/2013/02/el-%C3%BAltimo-refugio-de-joseph-ratzinger-al-descubierto.html)
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