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viernes, 23 de enero de 2015

Logran, por primera vez, ralentizar la velocidad de la luz

Hace ya mucho tiempo que los científicos saben que la velocidad de la luz puede ralentizarse cuando ésta atraviesa materiales más densos, como el agua o el cristal. Sin embargo, lo que se consideraba imposible es que las partículas de luz, los fotones, pudieran ralentizarse mientras viajan por el espacio abierto y sin interactuar con ningún otro material.
Ahora, en un artículo recién aparecido en «Science Express», investigadores de las universidades de Glasgow y Heriot-Watt describen con todo detalle cómo se las han arreglado para «frenar» fotones en el espacio, algo que se consigue por primera vez. Los investigadores han demostrado que basta con aplicar una «máscara» a un haz óptico, dando a los fotones una estructura espacial, para que su velocidad se reduzca.

El equipo de científicos compara un rayo de luz, que contiene muchos fotones, a un equipo de ciclistas que se reparten el esfuerzo y que van colocándose, por turnos, a la cabeza del pelotón. A pesar de que el grupo rueda por la carretera como si fuera una unidad, la velocidad de cada ciclista individual puede variar cuando éste cambia de posición.

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Hallan un mensaje oculto del siglo VIII antes de Cristo en una cárcel del viejo Jerusalén

El arqueólogo israelí Amit Re’em halla una inscripción del siglo VIII antes de Cristo que un preso judío pudo haber dejado en la muralla de la prisión Kishle de la parte vieja de Jerusalén.

Shmuel Matza, exmiembro del Movimiento de Resistencia Judía, pasó en 1947 cuatro días en la prisión Kishle, que está situada junto a las murallas de la ciudad vieja de Jerusalén, informa 'Haaretz'. En un acto simbólico de autodefensa talló su nombre y el emblema de la organización antibritánica en la que militaba en la pared de la cárcel. Pero lo que el combatiente no podría haber imaginado es que detrás del mensaje de Matza se encontraría una extraordinaria inscripción que, según los arqueólogos, data del siglo VIII antes de Cristo, es decir, perteneciente al período del Primer Templo.

El descubrimiento se debe a Amit Re’em, quien decidió encontrar al autor de la inscripción contemporánea. "Dentro de la cárcel se halla toda la historia de Jerusalén", asegura el arqueólogo. Una planta más abajo los investigadores han encontrado una cuenca que pertenece, según sus estimaciones, a la época de los cruzados. Más allá han descubierto un canal que llega hasta el palacio de Herodes y la base del Palacio Mount Zion.


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La guerra de Hitler contra las mujeres

Los macabros engranajes del terror nazi fueron una maquinaria perfectamente ideada, una maquinaria dantesca para asesinar a todos los enemigos del III Reich y de la purísima raza aria. Eran los llamados inútiles y dentro de la Solución Final, además de millones de judíos, cabían todos: comunistas, izquierdistas, resistentes, prostitutas, gitanos, homosexuales, católicos... y por supuesto miles y miles de mujeres. Entre ellas, un numerosísimo grupo de resistentes francesas y polacas, sobre todo, y un puñado de valentísimas mujeres pertenecientes a los cuerpos de operaciones especiales y servicios de espionaje británicos.

Los nazis llegaron incluso a crear un campo especialmente dedicado a las mujeres, el de Ravensbrück, situado a 90 kilómetros de Berlín, que fue liberado por el Ejercito Rojo el 30 de abril de 1945. En Ravensbrück llegaron a ser recluidas 150.000 mujeres de las que murieron alrededor de 50.000. Entre esas ciento cincuenta mil,cuatrocientas de ellas eran españolas. Pocas de nuestras compatriotas sobrevivieron.

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jueves, 22 de enero de 2015

Descifran las palabras de un pergamino calcinado por el Vesubio

Científicos del Instituto de Microelectrónica y Microsistemas en Nápoles (Italia) han conseguido leer un antiguo pergamino carbonizado por la erupción del Vesubio hace casi 2.000 años. Hasta ahora, solo han podido descifrar unas cuantas palabras, pero el avance, realizado con una técnica de rayos X, podría conducir al redescubrimiento de las obras griegas o romanas de la literatura en cientos de papiros que se consideran demasiado frágiles para desenrollar y leer. Lo explican en la revista Nature Communications.

La erupción del Vesubio en el año 79 d.C. borró del mapa las ciudades cercanas de Pompeya y Herculano, que quedaron cubiertas de ceniza volcánica. No se libraron ni las más humildes moradas ni las villas de lujo. En Herculano, la lluvia de cenizas cayó también sobre una biblioteca que se cree perteneció al cuñado del mismo Julio César. La biblioteca, redescubierta en el siglo XVIII, contiene cientos de rollos de papiro, ahora marchitos como si fueran trozos de carbón o viejos troncos quemados.

Científicos y clasicistas han tratado de desenrollar los papiros y leer su contenido, pero varios se destruyeron en el proceso. Incluso se intentó utilizar procedimientos químicos, pero resultaron un desastre. La biblioteca contiene entre 600 y 700 libros, y es posible que la mitad estén aún intactos.

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La barba de Tutankamón, reparada con un pegamento industrial

Podría ser un guión de comedia si no fuera porque ha sido real. Aunque parezca mentira. La máscara de Tutankamón -uno de los mayores tesoros que conservamos del antiguo Egipto- ha sido víctima de una negligencia por parte de unos empleados del Museo de Antigüedades egipcias de El Cairo.

Al parecer, se empleó pegamento industrial para unir la barba al rostro del faraón, algo que ha ocasionado un grave daño a la figura, según han denunciado conservadores del Museo.

Los conservadores aseguran que la figura fue dañada de forma accidental el pasado año durante unos trabajos de limpieza. La barba trenzada, de oro y color azul, se separó del resto de la efigie del faraón. Para intentar arreglar la rotura, el equipo que estaba a cargo de la renovación del museo no siguió las normas habituales: informar al ministerio de Antigüedades y entregar la figura a un grupo de restauradores.

En su lugar, según el diario árabe, la responsable del museo llamó a su marido -que también está empleado allí- y éste decidió arreglar la rotura uniendo las piezas con un pegamento industrial muy resistente (resina epoxi) pero desde luego poco apropiado para conservar una pieza que alberga más de tres mil años de historia.

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